Alojar y Criar

La llegada de un hermanito

Lic. Mariela Lopardo, para newsletter de Vacunar.


Cuando llega un nuevo hijo al hogar, el equilibrio de la familia tambalea y cambia para volver a organizarse de una forma diferente. Hasta este momento el niño tuvo a sus padres en exclusividad y recibió todas las atenciones. Con la aparición del hermanito muchas cosas se modificarán por lo que papá y mamá tendrán que ayudarlo a aceptar su llegada y a compartir el día a día, dándole la seguridad de que el amor hacia él no cambiará.

Si bien muchos chicos toman la llegada de un hermanito con alegría y disfrutan de convertirse en hermano mayor, también pueden mostrar comportamientos que denotan cuánto los conmueve este cambio. Las reacciones más frecuentes son: mostrarse más llorones, irritables y nerviosos, actitudes agresivas, retraimiento, afectuosidad excesiva hacia el bebé o la mamá, conductas regresivas (chuparse el dedo, volver a hacerse encima, pedir mamadera), caprichos (allí habrá que descubrir cuál es el verdadero requerimiento oculto en el reclamo), cambios en el sueño, falta de apetito, rebeldía, irrupción de dolores físicos, baja en el rendimiento escolar.
No hay un modo ni un momento universalmente apropiados para explicarle al niño que un hermanito está en camino, aunque cuanto más tiempo le demos para hacerse a la idea, mejor. Por lo general, antes de transmitirle la noticia ya se ha dado cuenta que algo está pasando, por eso es mejor hablarlo con él, ponerle palabras para dar sentido a eso que percibe y le genera incertidumbre. Mostrarle fotos de cuando era bebé, contarle sobre cuando estaba en la panza, leer cuentos sobre el tema, son recursos que pueden ayudar. También durante los meses de espera pueden elegir juntos juguetes u obsequios para el bebé, decoraciones para el cuarto, o actividades en las que pueda colaborar luego de la llegada del hermanito. Tras el nacimiento, es muy importante que sea sorprendido con algún regalo traído por el bebé especialmente para él.

Los celos son totalmente normales y hay que conducirse ante ellos con espontaneidad. Mucho depende de cómo se maneje la situación desde el anuncio mismo del embarazo y del lugar que se le dé al hermano mayor: mantenerlo informado del progreso del embarazo, contarle cómo va creciendo el bebé y, si lo desea, llevarlo a las ecografías. Hacerlo participar en la elección del nombre también puede ser beneficioso. Lo mejor es dejarse guiar por las preguntas del niño. La información que se le dé no debe ser más de la que él requiera, y debe ser acorde a su edad. Responder a sus inquietudes ayudará a que se sienta seguro e involucrado en todo el proceso.

Ser hermano mayor

Tener un hermanito no es fácil: de repente debe compartir el amor y atención de sus padres, además de sacrificar gustos, tiempo y espacio. Si el niño no muestra ganas de relacionarse con el bebé o incluso lo ignora, no hay que forzar el vínculo. Es un proceso que demanda tiempo. Ya llegará el momento en que esté preparado. Con atención y comprensión los padres pueden reforzar el vínculo con los hijos mayores, ayudándolos a superar los celos y la sensación de ser desplazados.

Algunas sugerencias para manejar esta situación:

-Hacer participar al mayor del cuidado del recién nacido y festejar su ayuda, siempre que no sea vivido como una excesiva responsabilidad por parte del niño.

-Ser paciente y mimarlo más allá de que se enoje o llore, así sabrá que tus sentimientos hacia él no cambiarán.

-Dedicarle siempre un tiempo sólo para él.

-Hacerlo sentir importante, comunicándole tu satisfacción y orgullo por su comportamiento.

-Mantener la rutina del niño sin grandes alteraciones, evitando además que el nacimiento coincida con otros cambios importantes como mudarse, iniciar el jardín infantil, o cambiar de cuidadora.

-No hacer comparaciones ni exigir al mayor que sea ejemplo de buena conducta para su hermanito, ya que este pedido supone una fuerte presión sobre él.

-No pedir al hermano mayor que ceda frente a los pedidos del menor “para que no llore”.

-Que el padre pase más tiempo con el hijo mayor, en actividades y proyectos “exclusivos para niños grandes”, en los que el hermanito aún no puede participar.

Estas estrategias no apuntan a evitar que el hermano mayor manifieste celos, sino a que se sienta contenido, querido y acompañado en todo momento, facilitando así su adaptación a este gran cambio.

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